En el verano de 1965 conocí a un maestro oriental, un filósofo japonés que acababa de pasar
varias semanas en Saigón. “Si de verdad quieren conquistar a los norvietnamitas — me dijo — sólo
debe darles la ración del ejército norteamericano: azúcar, dulces y Coca-Cola. Esto los destruirá más
rápidamente que las bombas “.

Del libro “Sugar blues”

 

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