Prevenir antes que curar

Ojeando una de estas revistas para mujeres llenas de “consejos saludables” leo en un artículo:

Consejos saludables

Consejos saludables

Por la tarde. Tras comer es cuando más se elevan los niveles de glucosa, por eso, si caminamos una media hora a paso normal, reduciremos dichos niveles hasta un 30% y, con ello, el riesgo de diabetes. Además, no tendremos ansiedad por picar.”

Y digo yo, ¿No sería mejor que no se elevasen tanto los niveles de glucosa después de una comida?

Me parece más lógico comer adecuadamente y después reposar para hacer la digestión, que comerse un plato de macarrones seguido de una caminata de 30 minutos con la barriga llena para intentar rebajar los niveles… Es lo mismo de siempre.

 “Además, no tendremos ansiedad por picar”, no sé donde encajar esto.  No tendrás ansiedad por picar si tus hormonas actuan correctamente y no vienes de una pico de insulina, cosa que después de un plato de macarrones por ejemplo es un poco difícil.

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Los niveles altos de insulina potencian el funcionamiento de las enzimas que convierten los ácidos grasos (pequeños) en triglicéridos (grandes) y los confinan dentro de las células grasas y, por el contrario, inhibe aquellas que catalizan el proceso inverso, el de dividir los triglicéridos en moléculas más pequeñas que puedan salir de la célula grasa y ser “quemadas”. Como vemos, en esta situación nuestro organismo está totalmente obsesionado en almacenar energía.

Extracto del libro Paleovida

¿Y como podemos evitar tener los niveles de insulina muy altos constantemente?  

Muy sencillo, dejando de lado los alimentos refinados con una densidad energética alta y de muy fácil absorción. Por ejemplo, azúcar blanca, pan blanco, pasta blanca, etc -que por otra parte aportan poco o nada nutricionalmente, más bien al contrario–  y sustituyéndolos por verduras y hortalizas.

Montaña de azúcar

Nutrientes para dar y tomar.


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[…] Este proverbio de abuela tan rotundo ha viajado por varias culturas (a mi me ha llegado tanto por vía de abuelas judías como de italianas) y nos hace pensar que la sabiduría popular conoce desde muchísimos años los riesgos que conlleva la harina blanca para la salud.

 

En lo tocante al organismo, la harina blanca no es muy diferente del azúcar. A menos que le añadamos algún suplemento, no ofrece ninguno de los componentes buenos de los cereales integrales (fibra, vitaminas B, grasas buenas) y es poco más que un chute de glucosa. Un festín de glucosa es una bomba indenciaria que causa estragos en el metabolismo de la insulina […]

Extraido del libro “Saber Comer” de Michael Pollan.

Pan blanco de harina blanca refinada

Y añado, que del pan de molde envasado mejor ni hablamos…

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