Desde los primeros homínidos hasta la felicidad

[…] Este señor era Platón, el tema de la felicidad está muy ligado a la filosofía, Platón decía que la esencia del ser humano es el deseo, lo que quiere decir que permanentemente estamos deseando, cuando deseamos una cosa en nosotros habitan al mismo la esperanza y el temor, no hay esperanza sin temor, porque si esperamos algo tememos no conseguirlo. De manera que es imposible tener esperanza sin temor.

 

Y por ultimo cuando por fin conseguimos ,en el mejor de los casos, lo que proponemos, eso no nos puede hacer feliz porque el deseo es carencia, y nuestra esencia es desear, y no podemos desear lo que ya tenemos, solamente podemos desear lo que no tenemos, con lo cual el cliclo vuelve a empezar.

 

Un filósofo reciente, francés, comenta en un libro que cuando él era niño pensaba que un ciego si pudiera ver sería feliz, y sin embargo él que podía ver, no era feliz. Más adelante comprendió que la causa del problema es que nuestra naturaleza es el deseo, y que cuando ya tienes lo que carecías, cuando desaparece la carencia, desaparece el deseo y vuelves a desear otra cosa y entonces vives entre la esperanza de conseguirla y la zozobra de fracasar en el empeño de conseguirla y eso te lleva o a un nuevo cliclo o a la frustración. Con lo cual aparentemente no hay salida.

 

Bueno pues mi receta particular es proponeros una forma de resolver este problema, aparentemente irresoluble; y es que deseéis algo que, uno, podáis conseguir, y segundo, que cuando lo hayáis conseguido podáis volver a desear inmediatamente otra cosa que podáis conseguir, y que si os lo proponéis vais a conseguir. Es decir, que deseéis algo que está a vuestro alcance, que podáis proponeros, que sea inagotable y cuya consecución os hará felices durante el proceso, en el momento de conseguirlo y no se terminará ahí porque nuevamente empezará otra búsqueda. Eso que es inagotable, que produce felicidad y satisfacción todo el tiempo, que puede saciar esa sed de deseo que tenemos los seres humanos es simplemente el conocimiento.

 

Y dicho en otras palabras mucho más sencillas, para mi, particularmente no hay nada más feliz que aprender, una cosa tan simple como aprender. Todos los días podemos aprender algo, se aprende de muchas formas, se aprende conversando, se aprende viajando, se aprende leyendo… cuando uno aprende una palabra en otro idioma, luego puede aprender otra. Todos los días podemos meternos en la cama diciendo; hoy he aprendido esto nuevo y al día siguiente volver a empezar. Es más, mientras aprendemos somos jóvenes, porque ¿no es una característica de la juventud la exploración, el aprendizaje, la búsqueda?  El día que dejamos de aprender, o que deja de interesarnos el conocimiento, el día que ya no queremos saber más es cuando realmente estamos muertos, cuando hemos envejecido. De manera que, buscad conocimiento y eso os proporcionará una fuente inagotable y permanente de felicidad y de juventud.

Y es por eso este blog es el reflejo de una de mis tantas fuentes de juventud y felicidad 😉

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Os recomiendo ver la conferencia completa, ya no solo por el tema de la felicidad (lo trata solo al final) sino por el interesante recorrido que el señor Arsuaga hace de la evolución del ser humano desde el punto de vista antropológico.

Tomado prestado de Robert.

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