Cuando la excepción se generaliza: Cremas solares

Son bastantes cosas de las que, desde mi punto de vista, se hace un uso excesivo cuando deberían ser para casos muy concretos y excepcionales.

Por ello voy a dar mi humilde opinión sobre todas aquellas cosas que puedan tener cabida en esta serie: “Cuando la excepción se generaliza“.

Por supuesto, y como todo lo que escribo, estará abierto a críticas constructivas, aportaciones, diferentes puntos de vista y correcciones sin problemas.

Hoy voy a hablar de las cremas solares, aunque en pleno Enero no sea un trending topic

Este es uno de los típicos casos de generalización a partir de la excepción.

¿Cuando se debería usar una crema solar?

Cuando tienes una piel muy blanca, estás fuera de tu hábitat y no puedes estar a refugio. Por ejemplo, una chica noruega recolectando moras en mitad de África a las 2 de la tarde.

He exagerado un poco pero no deja de ser así. Necesitamos luz solar para producir, la muy necesaria para casi cualquier cosa, vitamina D y por suerte es algo que podemos hacer gratis. Las personas de piel blanca han evolucionado así para poder aprovechar hasta el último rayo de luz que reciben en determinadas zonas del globo al ser algo que no abunda tanto como en países tropicales o más cercanos al ecuador.

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La evolución no había “planeado” que de repente un homo sapiens que vive en noruega tomara un avión y se plantara en unas horas en Punta Cana dispuesto a pasarse todo el día tirado al sol en una tumbona bebiendo mojitos. Con lo cual lo que se produce es una sobreexposición en un cuerpo no preparado para ello.

¿Si no soy noruego/a estoy salvado/a?

Pues no, si tu piel es algo más oscura puedes exponerte al sol durante más rato pero eso no quiere decir que de la noche a la mañana puedas pasar de no tomar el sol a estar en la piscina toda una mañana entera en tanga.

Afortunadamente, y dentro de unos límites, la piel se va acomodando a la nueva situación para amoldarse a los cambios propios de las estaciones. Y es cuando se empieza a broncear.

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Modas

Imagina que se pone de moda tener las manos y los pies bien repletas de callos en la piel como signo de, vete tu a saber, cualquier chorrada. Verías a gente como loca frotándose las manos en troncos o en cualquier cosa para provocar este efecto. Incluso verías artilugios en la teletienda que te proporcionarían en un tiempo record tus ansiados callos.

La formación de callos, igual que el oscurecimiento temporal de la piel, es una forma que tiene el cuerpo de protegerse. En este caso lo que ocurre es que la piel aumenta de grosor para que el rozamiento continuo no te cause heridas. Si un individuo renegado por la sociedad al no seguir esta moda piensa que si frota la piel rápido y fuerte conseguirá los mismos efectos en poco tiempo lo único que va a conseguir es quemarse la piel, lo mismo que ocurre con el sol. Y lo gracioso de todo esto es que es el propio cuerpo el que te avisa -¡Oye, te estás abrasando la piel, para de hacer eso o busca una sombra!– y no hacemos ni caso. Tener callos en las manos te resta sensibilidad al tacto, y eso es un inconveniente para algunas cosas, pero es un mal menor si lo comparamos con la falta de vitamina D que puede provocar la falta sensibilidad a los rayos UVB, ya sea de forma natural o artificial mediante cremas.

Bosquimanos

Y ojo, puede que las personas con la piel muy oscura sean mas resistentes a las quemaduras pero si montamos en un avión a algún bosquimano y lo ponemos a vivir en algún país nórdico donde las horas de luz escasean, va a tener un déficit de vitamina D si o si.

La excepción generalizada

Tener cremas solares es fantástico, son muy útiles y efectivas en casos concretos donde no existe otra opción, pero se deberían usar cuando fuese estrictamente necesario.

No hay que tomar el sol de 12 a 16“, esta recomendación que hemos escuchado tantas veces se suele tergiversar un poco. Se refiere a que si tu piel no está preparada para ello, no te tires 2 horas inmovilizado/a en una tumbona con el único objetivo de quemar la piel. Yo empezaría la recomendación diciendo “Para los que no tienen 2 dedos de frente, no hay que…“. Precisamente a esas horas es cuando mejor se aprovecha las horas de sol, pero cuando notes que te estés abrasando, vuelve a la sombrilla y no hagas el tonto. Nos han metido tanto miedo con el tema del cáncer de piel que parece que el sol es un dios maligno que te quiere matar. Ni tanto ni tan poco.

Es que tengo un partido de voley playa a las 3 de la tarde“, pues intenta cubrirte lo más posible o jugar a otra hora. Si no puede ser ni una ni otra, ponte crema.

“Es que tengo que escalar una montaña donde va a dar el sol todo el día, no tengo donde resguardarme y necesito todo el día”, caso concreto, ponte crema que para eso está.

Es que quiero estar bronceado para ser guay“, si tanto te importa eso puedes hacerlo de forma progresiva, tal y como sería de forma natural. También tienes la opción de tener un poco de personalidad y aprender a usar el sol solo cuando lo necesites y de la forma adecuada.

El problema que veo yo es que se reboza toda la familia con una crema factor 130 alias “traje de astronauta” y a pasar el día. Por rutina. Es algo habitual que se hace casi sin pensar. ¿Vas a la playa? ponte crema, las sombrillas son de pobres. ¿Vas al monte?, ponte crema, la sombra de los árboles es de pobres. ¿Vas a la nieve?, ponte crema, los excesos son de ricos y yo lo soy. ¿Eres niño? Ponte crema hasta para ir de dormir.

Y quieras que no, sin entrar en tonterías conspiratorias, producir cremas solares es un buen negocio que da dinerito fresco que desaparece de tu bolsillo.

Como siempre digo, no hay herramientas malas o buenas, el culpable es el uso que se haga de ellas.

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