El poder el marketing frente a los alimentos básicos

Haciendo la compra esta mañana, y cuando ya estaba en la cola para pagar esperando a mi turno, me he encontrado con la siguiente escena:

Delante de mi una señora de unos 40-45 años que se encontraba llenando su carrito de la compra traído de casa en lugar de gastar bolsas de plástico, cosa que me parece muy bien.

Mientras esperaba mi turno me fijaba en los productos que la señora había comprado y que la cajera iba pasando por el lector de código de barras. Tampoco había mucho que hacer en ese momento.

Llega la hora de pagar y la cajera le dice la cantidad. Por lo visto la mujer no tenía bastante dinero encima para pagar todo, lo que le obliga a dejar algún artículo. A todos nos ha pasado eso alguna vez cuando no llevamos la tarjeta (o directamente porque no tenemos) y hay que apañárselas con lo que se lleva encima en ese momento.

La señora empieza a dejar productos uno detrás de otro, todos de alimentación. La escena empieza a ser casi cómica cuando le dice a la cajera que descuente el décimo producto, yo ya había perdido la cuenta. Cuando vas con una cantidad justa te pueden fallar los cálculos, pero, ¿pasarte de 10 productos?. A la cajera se le empezaba a asomar una vena encima de la ceja derecha.

Y hasta aquí la introducción.

El problema no está en que tuviese que dejar 10 productos, está en elección de qué productos se quedan y cuales se devuelven.

Bajo mi asombro y el de la cajera, la mujer empezó a quitar alimentos que podríamos decir básicos: Una caja de huevos, un paquete de arroz, un pack de hortalizas para hacer caldo, una bolsa con plátanos y otra con patatas, un paquete de harina… y más cosas que no recuerdo, pero en el mismo plan.

Hasta el punto que la cajera, viendo la situación y que el marcador no bajaba casi, le dice:

– Señora, es que está quitando los productos más baratos, y así no terminamos nunca.

Si no hubiese visto el resto de productos que la señora había comprado no me hubiese chocado tanto, pero es que entre ellos habían: un paquete de actimel, otro de pseudoyogurts funcionales danone (hay tantos que pierdo la cuenta, creo que eran activia 0% con no se que), un paquete de pechuga de pavo fileteada de estas de marca especial sin grasa con 20 slogans en el envoltorio, galletas digestive con 15 vitaminas y calcio de marca también, etc.

¿Qué lavado de cerebro puede tener alguien para preferir dejar productos básicos y baratos en el supermercado en vez de aquellos más  industrializados, extra publicitados y por consiguiente más caros?

Luego viene aquello de que, claro, es que comer bien es muy caro…

Por cierto, había ido a comprar caballa y unas patatas para comer:

Caballa al horno con patatas y chucrut.

Caballa al horno con patatas y chucrut.

 

 

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31 Comentarios

  1. La verdad, si no lo hubiera o hubiese visto con estos ojitos yo también, sería difícil de creer. La pena es que es rigurosamente cierto. Ainnnsssss!!!!

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    • Hola Julio, como decía más abajo, los productos que se llevó eran los típicos para una mujer. Lo veo constantemente. No estamos hablando de nocilla o cereales para niños.

      Un saludo!

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  2. Es cierto porque te venden esos productos como mejores que los naturales ya que supuestamente los enriquecen y el objetivo es pensar que compro esos productos en detrimento a los productos naturales porque me darán más vitaminas, minerales y fibra además de adelgazar por meterles además no se qué, así hasta convertirse en imprescindibles en nuestra dieta

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  3. Que lastima que la gente este tan abdusida por el marketing y no se den cuenta de lo verdaderamente importante que es comer comidad de verdad….¡¡¡

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  4. Me parece muy desacertado el post. Estoy de acuerdo contigo en que elegiría yo o que elegirías tú. Pero si me pongo en el caso de mi abuela, pues veo que antes compra lo que le encargan sus nietos (mis primos pequeños, al igual que lo hacia conmigo antes de crecer) o lo que ellos suelen comer aunque tenga que dejar lo que le gusta a ella para otro momento u ocasión. O quizás esos alimentos se los aporte un banco de alimentos que son los típicos que se suelen dar. En definitiva, yo compraría los básicos, pero no juzgaría la necesidad, seguro que en la opulencia se pueden encontrar mejores ejemplos.

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    • Hola Bruno, pero en este caso la señora no tenía pinta de abuela y los productos que se llevó a casa eran los típico de una mujer/señora, es decir, lácteos para huesos desnatados, pechugas de pavo todo muy rosa, galletas para ir bien al lavabo… Y aunque lo fuera, me parecería mal igualmente que no teniendo dinero se compre un paquete de “kinder bueno” en lugar de arroz y huevos.

      Si fuese el caso del banco de alimentos, peor aún. ¿no se tiene dinero y el poco que tiene se gasta en pseudoproductos?

      Es muy sencillo, la publicidad y el packaging mandan.

      Saludos!

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  5. Demasiada televisión con toda su manipulación, lastimoso.
    Me gusta más la pinta de las patatas que de la caballa, pero todo con una pinta espectacular, ummm, buen provecho!!

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  6. Lo mismo pasa con el Danacol, todo mentira sucia, cuando te dicen que te reduce un 10 por ciento el colesterol, ya ves tu que sera eso de reduccion, practicamente nada, pero en el anuncio no te dicen que si dejas de comer grasa animal, tantos azúcares refinados, tantos huevos y haces mas ejercicio tu colesterol baja mucho mas de un 10 por ciento. Está claro, si ponen eso no se vende. Buen artículo, la verdad es que es triste.

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    • Es cierto que el danacol es un producto de laboratorio más que un derivado de la leche, pero ni las grasas animales son malas ni los huevos tampoco. Esos productos han sido consumidos por el hombre hace miles de años y nunca hubo problemas de obesidad ni coronarios en generaciones anteriores como ahora. Los verdaderos culpables son las grasas trans o hidrogenadas que alargan la vida de los productos procesados y mejoran su textura. Auténtico veneno para el cuerpo.

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  7. Enhorabuena por la entrada. Yo en caja siempre hago cuentas de cuánto se gastaría en la misma compra si comprase las cosas en mercados tradicionales o en sus respectivos ingredientes básicos y prepararlos en casa. Vale que pueden no tener tiempo pero hay cosas y cosas.

    Un saludo!

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  8. Por lo demás correcto pero… ¡señora de 40 años! Yo tengo 40 y de señora no tengo nada :p (a menudo paso a hacer la compra a la vuelta de trotar por el campo con las fivefingers y sin cachivaches electrónicos encima… no creo que tenga mucha pinta de “señora”).
    Va con humor, lo siento… :) Que no tengo nada en contra de las señoras.
    Me has hecho recordar que el otro día yo observaba la compra de un hombre obeso, 50 años más o menos, y llevaba pan de distintos tipos, patatas fritas, coca cola a cascoporro, embutidos ultraprocesados, galletas… nada verde ni fresco. Y luego: Danacoles. Sí señor.
    Efectivamente no es “culpa de la gente”. Es el lavado de cerebro que se le ha hecho a la sociedad entera y el que se libera de eso es el raro.

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