Los niveles altos de insulina potencian el funcionamiento de las enzimas que convierten los ácidos grasos (pequeños) en triglicéridos (grandes) y los confinan dentro de las células grasas y, por el contrario, inhibe aquellas que catalizan el proceso inverso, el de dividir los triglicéridos en moléculas más pequeñas que puedan salir de la célula grasa y ser “quemadas”. Como vemos, en esta situación nuestro organismo está totalmente obsesionado en almacenar energía.

Extracto del libro Paleovida

¿Y como podemos evitar tener los niveles de insulina muy altos constantemente?  

Muy sencillo, dejando de lado los alimentos refinados con una densidad energética alta y de muy fácil absorción. Por ejemplo, azúcar blanca, pan blanco, pasta blanca, etc -que por otra parte aportan poco o nada nutricionalmente, más bien al contrario–  y sustituyéndolos por verduras y hortalizas.

Montaña de azúcar

Nutrientes para dar y tomar.


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