2 cosas que puedes aprender de los supermercados para alimentarte mejor

Una buena forma de empezar a comer mejor es evitar las grandes superficies para comprar. El 80% de lo que puedes encontrar allí son productos procesados. Sin embargo si vas a carnicerías, pescaderías y fruterías, esa proporción baja hasta un 5% (para los puristas, los porcentajes los he calculado al vuelo, pero sirven para que te hagas una idea). Solo cuando llevas el hábito consolidado de comprar solo lo que conviene te puedes pasear sin peligro por pasillos kilométricos de cereales de desayuno para llegar a la zona de pescadería.

Pero de igual forma que puedes aprender cosas de los anuncios de TV, también lo puedes hacer de las técnicas, tácticas y artimañas que usan los supermercados. Aquí tienes un par de ellas.

Accesible y a la vista

Casi la totalidad de los productos procesados que les interesa vender están en disposición de estantería. Si te das cuenta, la carne, pescado, hortalizas, frutos secos… están en otro tipo de disposición, hasta que no estás justo encima no ves lo que hay. Sin embargo puedes ver un estupendo brick de leche soja en su estante a la legua. No es la única razón de porqué esta disposición, pero lo que no hay duda es que en estanterías abiertas las cosas se ven antes y están más accesibles. ¿Quién se sentiría tentado a comprar unas barritas de cereales si estuviesen dentro de un cajón o detrás de una puerta de armario? Las ventas caerían en picado.

Puedes usar la misma idea en tu cocina, con la diferencia de que en la estantería solo vas a colocar alimentos saludables.

Aquí tienes algunas fotos de como lo hice yo. Cambié la nevera de sitio, retiré una mesita que apenas usaba, compré un par de estanterías económicas de pino, y listo.

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Con el tiempo voy añadiendo, quitando o recolocando cosas según me parece mejor.

Volviendo a los supermercados. Además de tenerlo todo a la vista, ellos hilan más fino. Colocan los artículos que más les interesa vender a la altura de tus ojos. A no ser que vayas buscando algo en concreto, ¿cuántas veces recuerdas mirar la última balda de abajo en el supermercado? Es casi invisible.

Haz tú lo mismo en la cocina. Los alimentos de despensa que más te interese colócalos a tu altura, bien a mano.

Te voy a contar una anécdota. Aunque esto de que las grandes superficies, no solo de comida, usen la táctica de poner las cosas a la altura de tus ojos (o la de los niños) no es nada nuevo, no dejamos de pensar que: “Bueno, yo soy más listo que el resto y a mi no me la cuelan con esas tonterías de las alturas“. Pues bien, a mi me ocurrió en mi propia cocina, siendo yo mismo el que había colocado las cosas. Suelo tener varios botes de garbanzos, no se estropean, son baratos, dan juego en cocina y compro cantidad de una vez (a lo supermercado). Los coloqué en una de las baldas centrales. Pasadas unas semanas, la zona de especias creció y decidí recolocar los garbanzos una balda más abajo, solo una más. Seguí con mi vida y al cabo de unas semanas estaba haciendo la cena y pensé: “¿Cuánto tiempo hace que no uso los garbanzos?“, en ese momento me di cuenta que el consumo había caído en picado y que la causa fue la tontería de moverlos de sitio. No subestimes el poder del subconsciente

Dicho esto, si por lo que sea no tienes espacio en la cocina para poner estanterías, que no cunda el pánico. La máxima sigue siendo la misma: accesible y a la vista. Si tienes una cocina pequeña que solo tiene un armario con 3 puertas, ¿qué vas a poner en las baldas más accesibles y visibles nada más abrir cada una de ellas? ¡Bingo!

No obstante haz por maximizar dicha accesibilidad todo cuanto puedas. Invierte un fin de semana en pensar, reestructurar y redistribuir tu cocina con este concepto en mente. Será un tiempo muy bien invertido. 

Presentación atractiva

¿Que sería de los productos procesados sin sus cajas y envoltorios maravillosos, coloridos, llenos de mensajes atractivos y formas tentadoras? Te acercas a la zona de refrescos energéticos y ahí los tienes, con sus neveritas dedicadas a ellos, carteles y todo tipo de merchandising. La presentación lo es todo.

¡Cómprame!

¡Cómprame!

Vamos ahora a tu cocina. Imagina que ya tienes tu estantería y piensas: “Mmmm, voy a comprar unas nueces, avellanas, almendras y pistachos para tenerlos a mano, así cuando me apetezca picar algo siempre será mejor que cualquier pseudoalimento“. Vas a comprar y lo que haces es poner directamente la bolsa del super en una de las baldas, dentro están todos los paquetes de los frutos secos cerrados con unas pinzas de la ropa. Sí, has seguido mi recomendación, pero ¿no crees que cuidando la presentación como hacen los supermercados tendría más éxito la iniciativa? El simple hecho de comprar unos frascos de cristal y tenerlos a la vista va a hacer que la alternativa poco saludable no tenga opción.

Como habrás visto en las fotos de mi cocina tengo las frutas y hortalizas en unos boles grandes bien a a vista, las patatas y cebollas en unos cajones de madera y unos contenedores blancos con las pocas conservas que suelo usar (también hago lo mismo que con los garbanzos, compro cantidad de una vez y ahí tienen su sitio reservado). Te aseguro que te pones a cocinar y te da ganas de usar todos esos alimentos solo por la accesibilidad y presentación. 

Por supuesto puede que a ti se te ocurra otra forma distinta de presentación que te atraiga más.

Como ya he dicho, tampoco acabo de descubrir el fuego, pero pese a ser cosas sencillas causan mucho más efecto del que te puedes imaginar, especialmente en el día a día. Comparte este artículo si te ha gustado y crees que le puede servir a algún amigo. 

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